¿Quién y cuándo descubrió que la Tierra es redonda?

Sophie Eldridge

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¿Quién y cuándo descubrió que la Tierra es redonda?
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La imagen de una Tierra esférica flotando en el espacio es tan familiar para nosotros que resulta difícil imaginar que alguna vez fue una idea revolucionaria. Pero la historia de cómo la humanidad llegó a saber que nuestro planeta es redondo es fascinante, plagada de ingeniosos experimentos, filósofos valientes y, también, de mitos que perviven hasta hoy. ¿Quién descubrió realmente que la Tierra es redonda y cuándo ocurrió?

El gran mito: la Tierra plana en la Edad Media

Antes de responder a la pregunta, conviene desmontar uno de los errores históricos más extendidos: la creencia de que durante la Edad Media la gente pensaba que la Tierra era plana. Esta idea, tan popular en el imaginario colectivo, es falsa.

Los historiadores han demostrado que prácticamente todos los eruditos medievales sabían que la Tierra era esférica. San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Dante Alighieri en su Divina Comedia y Rodrigo Jiménez de Rada, entre muchos otros, reflejan en sus obras un conocimiento perfectamente claro de la esfericidad terrestre. Las universidades medievales europeas enseñaban que la Tierra era redonda desde sus comienzos, en el siglo XII.

¿De dónde viene entonces el mito?

El historiador Jeffrey Burton Russell investigó el origen de este error y concluyó que la idea de una Edad Media «tierraplanista» fue en gran medida una invención del siglo XIX. Fue principalmente la novela biográfica sobre Cristóbal Colón escrita por Washington Irving en 1828 la que popularizó la imagen de un Colón que tuvo que convencer a los Reyes Católicos de que la Tierra no era plana. Esa escena es pura ficción. Los contemporáneos de Colón sabían muy bien que la Tierra era esférica; sus objeciones al viaje tenían que ver con el cálculo de las distancias, no con la forma del planeta.

Autores como John William Draper y Andrew Dickson White contribuyeron después a consolidar este relato falso, que convirtió a la ciencia medieval en símbolo del oscurantismo religioso. La realidad histórica es mucho más matizada.

Los filósofos griegos: primeros defensores de la Tierra esférica

El conocimiento de la esfericidad terrestre no comenzó en la Edad Media ni en el Renacimiento: tiene raíces que se remontan a la Antigua Grecia, más de dos mil años antes de nuestra era.

Pitágoras y la primera idea de una Tierra redonda

Pitágoras de Samos (c. 570-495 a. C.) es considerado el primer pensador occidental que propuso que la Tierra tenía forma esférica, aproximadamente hacia el 500 a. C. Su argumentación no era empírica sino filosófica y estética: para los pitagóricos, la esfera era la forma geométrica más perfecta, y por tanto la que correspondía al cuerpo celeste en que vivimos. No tenían pruebas observacionales, pero su intuición resultó ser correcta.

Platón y la consolidación de la idea

Platón (427-347 a. C.) adoptó y difundió la idea de la Tierra esférica en varios de sus diálogos, especialmente en el Fedón y el Timeo. Para Platón, la perfección de la esfera era también un argumento de orden metafísico: el cosmos era armónico y perfecto, y la Tierra debía participar de esa perfección. La autoridad filosófica de Platón contribuyó a que esta idea se asentara en el pensamiento griego.

Aristóteles: las primeras pruebas observacionales

El gran salto lo dio Aristóteles (384-322 a. C.), quien fue el primero en aportar argumentos empíricos en favor de la esfericidad terrestre. En su obra Sobre el cielo, Aristóteles ofrece al menos tres tipos de evidencia observacional:

  • La sombra que la Tierra proyecta sobre la Luna durante los eclipses lunares siempre tiene forma circular, independientemente del ángulo desde el que se observe. Solo una esfera proyecta siempre una sombra circular.
  • Cuando uno se desplaza hacia el norte o el sur, algunas estrellas desaparecen del horizonte y otras nuevas aparecen, algo que solo es compatible con una superficie curva.
  • Los barcos al alejarse en el mar no se hacen simplemente más pequeños, sino que desaparecen primero por su casco y solo después por sus velas, lo que indica que se ocultan tras la curvatura de la Tierra.

Estos argumentos de Aristóteles fueron de una solidez tan notable que permanecieron como demostración de la esfericidad terrestre durante siglos.

Eratóstenes: la medición del planeta

Saber que la Tierra es esférica es una cosa; medir su tamaño con precisión es otra bien distinta. Este logro extraordinario lo consiguió Eratóstenes de Cirene (c. 276-194 a. C.), director de la famosa Biblioteca de Alejandría.

Eratóstenes sabía que en la ciudad de Siena (la actual Asuán, en Egipto), el día del solsticio de verano al mediodía, el Sol se hallaba exactamente en el cenit: los rayos solares iluminaban el fondo de los pozos sin proyectar sombra alguna. En Alejandría, en cambio, ese mismo día y a esa misma hora, un palo vertical sí proyectaba sombra. Midiendo el ángulo de esa sombra, Eratóstenes calculó que era de aproximadamente 7,2 grados, es decir, una quincuagésima parte de un círculo completo de 360 grados.

El cálculo de la circunferencia

Eratóstenes contrató a bematistas, caminantes profesionales que medían distancias con gran precisión contando sus pasos. La distancia entre Alejandría y Siena fue estimada en unos 5.000 estadios. Si esa distancia equivalía a 1/50 de la circunferencia total de la Tierra, entonces la circunferencia completa debía ser de 250.000 estadios.

La conversión de estadios a kilómetros tiene cierta incertidumbre, pero los cálculos más aceptados sitúan el resultado de Eratóstenes entre 39.375 y 46.620 kilómetros. La circunferencia real de la Tierra medida hoy por satélites es de 40.075 kilómetros. El margen de error de Eratóstenes fue de apenas un 0,16% o, en el peor de los casos, de alrededor del 16%. Para un experimento realizado hace más de dos mil años, con medios muy rudimentarios, el resultado es asombroso.

La importancia del experimento de Eratóstenes

Lo que hace especialmente brillante el trabajo de Eratóstenes es su método. No solo intuyó o argumentó filosóficamente la esfericidad de la Tierra: la midió. Usó la geometría, la astronomía y la medición empírica para obtener un resultado cuantificable. Es, en muchos sentidos, uno de los experimentos más elegantes de la historia de la ciencia y un antecedente directo del método científico moderno.

La aportación de Posidonio y otros geógrafos griegos

Eratóstenes no fue el único griego en intentar medir la Tierra. El filósofo y geógrafo Posidonio (c. 135-51 a. C.) realizó una medición alternativa basada en la observación de la estrella Canopus desde Rodas y desde Alejandría. Su resultado fue algo menor que el de Eratóstenes, y fue esta cifra más pequeña la que adoptó el geógrafo Ptolomeo en su influyente obra.

Irónicamente, fue la estimación de Ptolomeo, ligeramente menor a la real, la que utilizó Cristóbal Colón para calcular la distancia hasta Asia navegando hacia el oeste. Si Colón hubiera usado el cálculo de Eratóstenes, habría entendido que la distancia era demasiado grande para la tecnología náutica de la época. Sin el error de Ptolomeo, quizás la historia del descubrimiento de América habría sido diferente.

La circunnavegación: la prueba definitiva

Si bien los argumentos teóricos y matemáticos de los griegos eran ya muy convincentes, la demostración práctica y definitiva de que la Tierra era esférica llegó con la primera circunnavegación del globo, completada entre 1519 y 1522.

La expedición fue concebida por el navegante portugués Fernando Magallanes al servicio de la Corona española. Magallanes partió de Sanlúcar de Barrameda en 1519 con cinco barcos y unos 270 hombres. Murió en las islas Filipinas en 1521, durante un enfrentamiento con los nativos de la isla de Mactán.

Fue el navegante vasco Juan Sebastián Elcano quien asumió el mando y completó el viaje de regreso, llegando a España el 6 de septiembre de 1522 con una sola nave y 18 hombres. Por primera vez en la historia, seres humanos habían dado la vuelta completa al planeta, confirmando de la forma más contundente posible que la Tierra era una esfera.

El premio de Elcano y el significado histórico

El rey Carlos I de España concedió a Juan Sebastián Elcano el derecho a usar un escudo de armas con el lema Primus circumdedisti me («Fuiste el primero en circundarme»), referido al globo terráqueo. La hazaña de Magallanes y Elcano no solo confirmó la forma de la Tierra: abrió una nueva era en la comprensión de la geografía mundial y en las relaciones comerciales entre los continentes.

Más allá de la esfera: la forma real de la Tierra

Hoy sabemos que la Tierra no es una esfera perfecta. Isaac Newton predijo en el siglo XVII que, debido a su rotación, el planeta debería estar ligeramente achatado por los polos y ensanchado por el ecuador, adoptando la forma de un esferoide oblato. Esta predicción fue confirmada en el siglo XVIII mediante mediciones geodésicas precisas.

En realidad, la forma de la Tierra es aún más irregular: el llamado geoide, que es la figura determinada por la distribución de masas en el interior del planeta. La diferencia entre el radio ecuatorial (6.378 km) y el radio polar (6.357 km) es de unos 21 kilómetros, lo que representa una diferencia de menos del 0,4%. Para la mayoría de los propósitos prácticos, tratar la Tierra como una esfera es una aproximación más que suficiente.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue el primero en afirmar que la Tierra era redonda?

El filósofo griego Pitágoras de Samos, hacia el año 500 a. C., es considerado el primer pensador occidental que propuso la esfericidad de la Tierra. Sin embargo, su argumento era filosófico, no empírico: consideraba que la esfera era la forma más perfecta. Fue Aristóteles, un siglo y medio después, quien aportó las primeras evidencias observacionales sólidas.

¿Cómo midió Eratóstenes la circunferencia de la Tierra?

Eratóstenes aprovechó el hecho de que el Sol se encontraba en el cenit en Siena (Asuán) durante el solsticio de verano, mientras que en Alejandría proyectaba una sombra de 7,2 grados. Conociendo la distancia entre las dos ciudades y aplicando geometría básica, calculó que la circunferencia total del planeta debía ser de 250.000 estadios. Su resultado fue notablemente preciso, con un error de apenas un 0,16% respecto a las mediciones actuales por satélite.

¿Es cierto que en la Edad Media se creía que la Tierra era plana?

No, es un mito histórico ampliamente desmentido. Los eruditos medievales sabían perfectamente que la Tierra era esférica, gracias a la herencia intelectual griega transmitida a través de autores como Aristóteles y Ptolomeo. La falsa idea de una Edad Media «tierraplanista» fue popularizada en el siglo XIX, especialmente por la novela biográfica sobre Colón escrita por Washington Irving en 1828.

¿Cuál fue la primera persona en rodear completamente el globo terráqueo?

Juan Sebastián Elcano, navegante vasco al servicio de la Corona española, fue el primero en completar la circunnavegación del globo, llegando a Sanlúcar de Barrameda el 6 de septiembre de 1522. La expedición había sido iniciada por Fernando Magallanes, que murió en Filipinas durante el viaje. Elcano asumió el mando y condujo a los supervivientes de regreso a España.

¿La Tierra es perfectamente esférica?

No. La Tierra es un esferoide oblato: está ligeramente achatada por los polos y ensanchada por el ecuador debido a su rotación. El radio ecuatorial (6.378 km) supera al radio polar (6.357 km) en unos 21 kilómetros. Además, la distribución irregular de masas en el interior del planeta hace que su forma real, llamada geoide, sea todavía más compleja que una esfera perfecta o un esferoide regular.

¿Por qué existe todavía el movimiento «terraplanista» hoy en día?

El terraplanismo contemporáneo es un fenómeno social y psicológico más que un debate científico real. La ciencia ha demostrado de forma concluyente la esfericidad de la Tierra mediante fotografías satelitales, vuelos de larga distancia, física y geodesia. Sin embargo, la desconfianza hacia las instituciones, la difusión de teorías conspirativas a través de redes sociales y la dificultad para aprehender fenómenos de escala global llevan a algunas personas a rechazar las evidencias científicas. El terraplanismo no tiene ninguna base científica válida.

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