Lisboa, la capital de Portugal, es una de las ciudades más antiguas de Europa occidental y una de las capitales más fascinantes del continente. Situada a orillas del río Tajo, donde sus aguas se funden con el Atlántico, Lisboa acumula más de tres mil años de historia, desde sus primeros pobladores fenicios hasta su papel actual como metrópolis moderna y cosmopolita. Conocer su pasado y su presente es adentrarse en uno de los relatos más ricos del mundo mediterráneo y atlántico.
Los orígenes de Lisboa: de Ulissipo a Olisipo
Los primeros asentamientos documentados en el territorio de la actual Lisboa se remontan al segundo milenio antes de nuestra era. Sin embargo, fueron los fenicios quienes, hacia el año 1200 a.C., establecieron aquí un importante enclave comercial al que llamaron Ulissipo o Alis Ubbo, que en lengua fenicia significaba «ensenada amena». La privilegiada posición del estuario del Tajo convertía este lugar en una parada imprescindible para los barcos que navegaban entre el mar Mediterráneo y el norte de Europa.
Tras los fenicios llegaron los griegos y los cartagineses, que también aprovecharon el puerto natural. Sin embargo, fue la dominación romana la que transformó definitivamente el enclave en una ciudad de relevancia. Los romanos la llamaron Olisipo y le concedieron el título de municipium bajo el reinado del emperador Julio César, hacia el año 60 a.C. Durante los siglos siguientes, Olisipo fue una próspera ciudad de la provincia de Lusitania, dotada de calzadas, teatros, termas y un activo puerto comercial.
La herencia romana en la ciudad
Los restos de la Lisboa romana son todavía visibles en varios puntos de la ciudad. En el barrio de la Baixa Pombalina pueden contemplarse las ruinas del teatro romano de Olisipo, mientras que el Museo de Lisboa conserva una amplia colección de piezas arqueológicas de esta época. Las calzadas romanas que partían de la ciudad comunicaban Olisipo con el resto de la Lusitania y con la lejana Roma.
La Lisboa medieval: moros, reconquista y capitalidad
Con la caída del Imperio Romano y las posteriores invasiones, Lisboa fue sucesivamente ocupada por pueblos germánicos como los suevos y los visigodos. En el año 711, las tropas musulmanas cruzaron el estrecho de Gibraltar e iniciaron la conquista de la Península Ibérica. Lisboa quedó bajo dominio moro durante más de cuatro siglos, periodo durante el cual recibió el nombre de Al-Ushbuna.
La dominación islámica dejó una huella profunda en la ciudad. El barrio de Alfama, el más antiguo de Lisboa, conserva aún hoy una trama urbana de callejuelas estrechas y sinuosas heredada de la época árabe. En árabe, al-hamma significa «fuentes de agua caliente», en referencia a los antiguos baños termales que existían en la zona.
La reconquista y Alfonso Henriques
En 1147, el rey Alfonso Henriques, primer monarca del recién fundado Reino de Portugal, emprendió la reconquista de Lisboa con la ayuda de cruzados europeos que navegaban hacia Tierra Santa. La ciudad fue tomada tras un breve pero intenso asedio al castillo de São Jorge, que coronaba la colina central. A partir de entonces, Lisboa quedó integrada en el joven reino portugués, aunque la capitalidad del país continuó siendo Coimbra durante más de un siglo.
No fue hasta 1255, bajo el reinado de Alfonso III, cuando la corte se trasladó definitivamente de Coimbra a Lisboa. El auge del comercio marítimo y la privilegiada posición del puerto del Tajo hacían de Lisboa la ciudad más dinámica y poblada del reino, lo que justificó plenamente el cambio de capitalidad. Desde entonces, Lisboa ha sido sin interrupción la capital de Portugal.
La época de los Descubrimientos: Lisboa, capital del mundo
El siglo XV y los primeros decenios del XVI representaron el periodo de mayor esplendor de la historia lisboeta. Portugal se convirtió en la primera potencia marítima del mundo, y Lisboa fue el epicentro de aquel proceso de expansión sin precedentes. Desde el barrio de Belém, situado a orillas del Tajo, partieron las expediciones que trazaron nuevas rutas marítimas hacia África, Asia y América.
El navegante Vasco de Gama zarpó de Belém en 1497 y logró llegar a la India por mar, abriendo la codiciada ruta de las especias. Pocos años antes, en 1500, Pedro Álvares Cabral había tomado posesión de Brasil en nombre de la Corona portuguesa. La riqueza que afluía a Lisboa desde sus dominios ultramarinos la convirtió en una de las ciudades más prósperas y cosmopolitas de Europa, y su población creció hasta superar los cien mil habitantes.
El estilo manuelino, símbolo de una época
El poder y la riqueza de la Era de los Descubrimientos se plasmaron en un estilo arquitectónico propio y original: el estilo manuelino, también llamado gótico portugués. Este estilo, que toma su nombre del rey Manuel I, se caracteriza por la exuberante decoración de motivos marinos, cordones, esferas armilares y cruces de la Orden de Cristo. Los dos monumentos más representativos de este estilo, ambos en Belém, son el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.
El terremoto de 1755 y la reconstrucción pombalina
El 1 de noviembre de 1755, festividad de Todos los Santos, un devastador terremoto sacudió Lisboa. Con una magnitud estimada de entre 8,5 y 9 grados en la escala de Richter, fue uno de los seísmos más destructivos de la historia europea. El movimiento sísmico, seguido de un tsunami y de grandes incendios, destruyó aproximadamente dos tercios de la ciudad, causando entre treinta mil y cuarenta mil muertos solo en Lisboa.
Ante la magnitud del desastre, el rey José I encargó la reconstrucción de la ciudad al poderoso ministro Sebastião José de Carvalho e Melo, conocido como el Marqués de Pombal. Pombal diseñó un plan urbanístico revolucionario: la nueva Baixa Pombalina se trazó con una cuadrícula ortogonal de calles amplias y rectilíneas, dotadas de los primeros sistemas antisísmicos del mundo. Los edificios se construyeron con una estructura de madera interior llamada gaiola pombalina, diseñada para resistir nuevos terremotos.
Alfama, el barrio que sobrevivió
El barrio de Alfama, situado en las laderas de la colina del castillo, fue uno de los pocos sectores de Lisboa que sobrevivió relativamente intacto al terremoto de 1755. Su trama urbana árabe y sus construcciones asentadas sobre roca sólida resistieron mejor las sacudidas. Por eso, Alfama conserva hoy el aspecto más auténtico y medieval de la capital portuguesa, con sus miradouros, sus azulejos y sus tabernas donde el fado suena a diario.
Lisboa en los siglos XIX y XX: de la monarquía a la república
Durante el siglo XIX, Lisboa vivió importantes transformaciones urbanas vinculadas a la industrialización y al crecimiento demográfico. Se construyeron los primeros ascensores urbanos, como el famoso Elevador de Santa Justa, y se tendieron las líneas del tranvía que todavía hoy dan carácter a la ciudad. La Avenida da Liberdade, inspirada en los Campos Elíseos parisinos, se trazó en 1879 y se convirtió en el gran paseo burgués de la capital.
El 5 de octubre de 1910, una revolución popular derrocó la monarquía y proclamó la Primera República Portuguesa. Lisboa fue el escenario principal de estos acontecimientos. Más tarde, entre 1933 y 1974, Portugal vivió bajo la dictadura del Estado Novo, encabezada por António de Oliveira Salazar. Durante esos cuarenta años, Lisboa fue la capital de un régimen autoritario que mantuvo el país en un relativo aislamiento.
La Revolución de los Claveles
El 25 de abril de 1974, un golpe de Estado militar conocido como la Revolución de los Claveles puso fin a la dictadura. Los lisboetas salieron a las calles para celebrar el retorno a la democracia y colocaron claveles rojos en los cañones de los soldados, en un gesto que se convirtió en el símbolo universal de aquella revolución pacífica. Desde entonces, el 25 de abril es fiesta nacional en Portugal.
Lisboa hoy: una ciudad europea y cosmopolita
En la actualidad, Lisboa es una metrópolis europea de primer orden con cerca de 575.000 habitantes dentro del municipio y más de tres millones en su área metropolitana. Es la sede del gobierno, el parlamento y los principales organismos del Estado portugués, así como el mayor centro económico, financiero y cultural del país.
La ciudad ha experimentado en los últimos años una intensa renovación urbana, con la recuperación de barrios históricos, la creación del Parque das Nações sobre los terrenos de la Exposición Universal de 1998, y el auge de un vibrante sector tecnológico y creativo que ha atraído a miles de emprendedores y nómadas digitales de toda Europa.
Patrimonio cultural y reconocimientos internacionales
Lisboa figura entre las capitales europeas con mayor concentración de patrimonio histórico y cultural por kilómetro cuadrado. Además del Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém, la ciudad alberga el Museo Nacional de Arte Antiguo, el Museu Calouste Gulbenkian, el Panteón Nacional y el Castillo de São Jorge. La Livraria Bertrand do Chiado, fundada en 1732, es la librería más antigua del mundo en funcionamiento, reconocida por el Libro Guinness de los Récords desde 2011.
El fado, la música característica de Lisboa, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco en 2011. Este género musical, melancólico y profundo, nació en los barrios populares de Alfama y Mouraria y es inseparable de la identidad de la ciudad.
Cómo llegar y moverse por Lisboa
Lisboa cuenta con el Aeropuerto Internacional Humberto Delgado, situado a tan solo siete kilómetros del centro, con excelentes conexiones con el resto de Europa y con ciudades de todo el mundo. Desde España, es posible llegar en tren de alta velocidad desde Madrid en aproximadamente diez horas, o en avión en poco más de una hora.
El transporte público de Lisboa incluye metro, autobús, tranvía y los históricos ascensores urbanos, todos integrados en una red gestionada por Carris Metropolitana. El pase mensual Navegante, que permite viajar sin límite en toda la red metropolitana, tiene un coste de entre treinta y cuarenta euros. Los barrios más turísticos, como Alfama, Belém y el Chiado, son perfectamente accesibles a pie o en los pintorescos tranvías históricos.
El mejor momento para visitar Lisboa
El clima de Lisboa es suave durante todo el año, pero los meses más recomendados para visitar la ciudad son la primavera (marzo a junio) y el otoño (septiembre y octubre), cuando las temperaturas son agradables, hay menos turistas y los precios de los alojamientos son más razonables. En junio, la ciudad celebra las Festas de Lisboa, en honor a San Antonio de Padua, patrón de la ciudad, con sardinas asadas, manjericões y verbenas en todos los barrios.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la capital de Portugal?
La capital de Portugal es Lisboa (en portugués, Lisboa). Es la ciudad más grande del país y la sede del gobierno, el parlamento y la presidencia de la República. Lisboa es capital del país desde 1255, cuando el rey Alfonso III trasladó la corte desde Coimbra.
¿Cuántos habitantes tiene Lisboa?
El municipio de Lisboa tiene aproximadamente 575.000 habitantes, según los datos más recientes. Sin embargo, el área metropolitana de Lisboa, que incluye los municipios del entorno, supera los tres millones de habitantes, lo que la convierte en la decimoséptima área metropolitana más poblada de la Unión Europea.
¿Cuántos años tiene Lisboa como ciudad?
Lisboa tiene más de tres mil años de historia. Los fenicios establecieron aquí un enclave comercial hacia el año 1200 a.C. Esto la convierte en una de las capitales más antiguas de Europa, aproximadamente cuatrocientos años más vieja que Roma, según los registros históricos disponibles.
¿Por qué se produjo el traslado de la capital de Coimbra a Lisboa?
En 1255, el rey Alfonso III decidió trasladar la corte de Coimbra a Lisboa porque esta última se había convertido en la ciudad más grande y próspera del reino, gracias a su activo comercio marítimo y a su privilegiado puerto en el estuario del Tajo. La posición estratégica de Lisboa la hacía más adecuada para gobernar un país con crecientes intereses atlánticos.
¿Qué es el fado y por qué es importante en Lisboa?
El fado es un género musical nacido en los barrios populares de Lisboa, como Alfama y Mouraria, en el siglo XIX. Se caracteriza por su carácter melancólico y poético, que expresa sentimientos de nostalgia y saudade. En 2011, la Unesco lo declaró Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El fado es uno de los símbolos más reconocibles de la identidad lisboeta y portuguesa.
¿Cuál es el impacto del terremoto de 1755 en la Lisboa actual?
El terremoto de 1755 destruyó aproximadamente dos tercios de la ciudad y causó decenas de miles de muertos. Su impacto fue tan profundo que determinó la fisonomía actual de Lisboa: la Baixa Pombalina fue reconstruida con un plan urbanístico racionalista que todavía hoy define el centro de la ciudad. Además, el seísmo inspiró debates filosóficos en toda Europa, con pensadores como Voltaire que lo convirtieron en símbolo del problema del mal.





